Anna escribe esta anécdota de viaje:
"Era verano, nos
dirigíamos a Zanzíbar en un vuelo charter directo y económico. El avión
era enorme, habían tres hileras de asientos, una central de cuatro pasajeros y
dos laterales de tres. Nosotros nos toco la hilera lateral de tres. Yo iba
sentada en el centro, mi ex- pareja a mi izquierda, y a mi derecha un chico
bajito, de unos treinta y pico que miraba constantemente por la ventana.
Después de tres horas de vuelo, nos cogió hambre, y aquello que dicen"
mujer prevenida vale por dos", en mi caso se cumple. Siempre viajo con
sobres de embutidos ibéricos cerrados al vacío, vaya donde vaya.
Pues bien cogí un sobre
de Jabugo y uno de caña de lomo, saqué tostadas, servilletas y lo primero
que hice fue ofrecerle al chico que tenía a mi lado.