Este articulo de Vargas Llosa es del pasado 1 de julio y el proyecto de ley uruguayo del que habla se votará la próxima semana.
Poco a poco, la batalla por la legalización de las drogas va
abriéndose camino y haciendo retroceder a quienes, contra la evidencia misma de
los hechos, creen que la represión de la producción y el consumo es la mejor
manera de combatir el uso de estupefacientes y las cataclísmicas consecuencias
que tiene el narcotráfico en la vida de las naciones.
Hay que aplaudir la
valerosa decisión del gobierno de Uruguay y de su presidente, José Mújica, de
proponer al Parlamento una ley legalizando el cultivo y la venta de cannabis.
De ser aprobada —lo que parece seguro pues el Frente Amplio tiene mayoría en
ambas cámaras y, además, hay diputados y senadores de los partidos de
oposición, Blanco y Colorado, que aprueban la medida—, ésta infligirá un duro
revés a las mafias que, de un tiempo a esta parte, utilizan a ese país no sólo
como mercado de la droga sino como una plataforma para exportarla a Europa y
Asia. Esta ley forma parte de una serie de disposiciones encaminadas a combatir
la “inseguridad ciudadana”, agravada de un tiempo a esta parte en Uruguay, al
igual que en toda América Latina, por la criminalidad asociada al narcotráfico.
