Recital poètic de l'Enric Casasses.
Fotos Le Jardin
Te invito a que te des un garbeo por este territorio fronterizo, donde encontrarás algunas cosillas mías, las de otros y tal vez algunas tuyas, si quieres. Además, también iré colgando algunas de las cosas que despierten mi curiosidad, confirmen o desafíen mi pensamiento y mis creencias, o me generen algún cosquilleoCuando te apetezca acompañarme, ten a mano los auriculares, sobretodo si quieres escuchar bien los mélanges (sorry, pero en ese tema no he aprendido nada nuevo). Y si no visualizas bien la página, cambia la resolución de tu pantalla a 1280 x 1024. Hala pues!, sírvete un drink, unas almendritas o prende un cigarrillo, y pincha el gadget, que esto despega ya...

Este
divertimento literario constituye, desde
hace mucho tiempo, parte del folklore urbano vinculado a los festejos del Día
de Muertos. Los versos son reproducidos en la actualidad en revistas y
periódicos o difundidos por programas radiofónicos, si bien antiguamente
era costumbre imprimirlos en hojas sueltas. Entre las más famosas de esas hojas
volantes estuvieron, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, las ilustradas por el grabador José Guadalupe
Posada. |
A la enchiladera
En la pulquería se sienta Panchita la enchiladera que hace muy buenas chalupas pero siempre está en disputas y le han puesto calavera |
Al escritor Octavio
Paz
Hoy recita en el panteón tras debatir con la parca. No fue facil pa´la calaca pues era Nobel su corazón |
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Al escritor García
Márquez Quiso esconderse en Macondo, La muerte fue tras él. Ella se puso sus moños y lo tiró a un hoyo hondo ¿ De qué se murió Gabriel ? De amor y otros demonios |
Al gendarme
Gendarme de profesión
murió con recuerdos malos, resultado de los palos que dio con su ocupación; se fue con resignación en busca de unos trompetos, y aquellos malos sujetos me lo apalearon un día y fue a la difuntería a cuidar los esqueletos. |
Nos cuentan que allá en México, la manera especial en que celebran este día es fruto del sincretismo entre la religión católica y las paganas de mesoamérica. El 1 de noviembre vuelven las almas de los niños difuntos que no habían sido bautizados y el día 2, todas las demás. Vienen del Mictlán, el reino de los muertos, a degustar de nuevo los placeres de la vida. Para ello se monta un altar donde se colocan los retratos de los difuntos acompañados de los placeres que más les gustaban, como alcohol o comida. Otros elementos característicos son las velas, que se colocan en el suelo desde la puerta de entrada hasta el altar y que representan el camino que deben seguir desde el Mictlán hasta al reino de los vivos.
El altar también se adorna con sal, tierra, agua, fuego y la flor de cempasuchil de color amarillo.
Los anfitriones comentan que “a los mejicanos nos asusta tanto la muerte, que nos burlamos de ella” y que esta celebración es una manera de dar la vuelta a la tristeza que acompaña la muerte de un ser querido.
El pueblo mexicano ha creado un singular elemento subjetivo de defensa
contra la muerte, con la colaboración de la muerte misma. Para ello le basta
colocarse, ayudado por la fantasía, en el terreno en que la gran niveladora
barre a todos, ricos o pobres, humildes y poderosos, con la misma inexorable
guadaña. Prólogo a la obra "José Guadalupe Posada - ilustrador de la
vida mexicana"
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| Calavera de la Catrina, de Posada. |

La realización del trabajo, que
se llevó a cabo en la cocina del artista en Tokio, no estuvo exenta de riesgos. El fotógrafo lubricó los
cuerpos de sus modelos para evitar la abrasión del plástico al presionar la
piel. Cuenta que la sensación no es del todo agradable ya que el plástico
tapona las fosas nasales, presiona en los párpados y crea la misma sensación en
los oidos que cuando alguien se sumerge en las profundidades acuáticas a gran
velocidad. Por suerte, Kawaguchi contaba con oxígeno en spray para inyectar en
las bolsas en caso de emergencia y, finalmente, el proyecto salió como reflejan
las fotos: brillante y bien conservado.




Quien pasa una noche en Sarajevo, despierto en su
cama, puede escuchar las voces de la oscuridad. Primero suena el reloj de la
catedral católica con su repique tenaz y recio: dos de la madrugada. Pasa un
poco más de un minuto (exactamente setenta y cinco segundos, lo conté) hasta
oír el toque del reloj de la iglesia ortodoxa, que da sus dos horas de la
madrugada. Un poco después, con la voz áspera y lejana, canta sus once horas el
sahat-kula, la torre reloj, de la mezquita del Bey, ¡las fantasmales y
singulares once horas turcas, según el calendario de las lejanas y desconocidas
partes del mundo!. Los judíos no tienen un reloj que suene, sólo el maldito
dios sabe qué hora tienen ellos, qué hora según los sefardíes, y qué según los
asquenazis. Así, por la noche, mientras todo duerme, contando las interminables
y tardías horas, las diferencias no duermen, las diferencias que separan a
estos hombres dormidos que, cuando están despiertos, se alegran o se
entristecen, comen a destajo o ayunan según cuatro calendarios, enojados entre
sí, y envían al cielo todos sus deseos y oraciones en cuatro lenguas de
iglesias diferentes. Y esa diferencia es a veces visible y abierta, a veces
invisible y pérfida, pero siempre similar al odio y muchas veces casi idéntica.
| con estas ciruelitas hacen una confitura exquisita |